Agrupación Belgrano

viernes, noviembre 24, 2006

Un producto casi perfecto

JOSÉ A. SOROLLA
PARÍS
Antoine Royal, hermano de Ségolène, le repetía cuando ella era adolescente: "Tú serás presidenta de la República". De momento, Ségolène Royal es ya la candidata oficial del Partido Socialista francés (PS), la primera mujer que puede convertirse en presidenta de Francia y la única, según todos los sondeos, capaz de derrotar al candidato de la derecha.¿Cuál es el secreto de su éxito? De creer a Fabrice Krzeminski, experto en márketing, que Ségolène es como el Volkswagen Golf de la política, "innovador y dinámico". Krzeminski explicó en Le Nouvel Observateur su atrevida comparación. "Todos los especialistas de márketing saben que el Golf es un producto casi perfecto" en el que "varias generaciones han proyectado sus esperanzas contradictorias. Para el buen padre de familia, es una berlina tranquila. Para los chavales de barrio, es un deportivo vigoroso. Pero todos tienen una confianza inquebrantable en su fiabilidad".Marie-Ségolène, nacida en 1953 en Dakar, la capital de la entonces colonia francesa de Senegal, creció, junto a sus siete hermanos, bajo la implacable autoridad de su padre, el teniente coronel Royal, en Chamagne, una aldea de 400 habitantes de la Lorena, en una casa sin jardín con solo dos habitaciones, una para los chicos y otra para las chicas. Iba a la iglesia, separados los hombres de las mujeres, asistía a la catequesis y a clases de costura y de música, y se preparaba para su único destino: el matrimonio. Sin embargo, pese a su fama de puritana, Ségolène, madre ahora de cuatro hijos, nunca se ha casado con su compañero, el primer secretario del PS, François Hollande, con quien lleva viviendo 25 años. Cuando se le pregunta por qué, contesta que para preservar su independencia, la misma razón por la que mantiene su apellido Royal.Cuando Ségolène tenía 19 años, sus padres se separaron y ella se puso del lado de su madre hasta el punto de intentar llevar a su padre ante la justicia. Quizá de esta rebelión contra el padre procede uno de los objetivos prioritarios de su trayectoria: demostrar que las mujeres pueden ser iguales que los hombres en política y, para ello, no detenerse ante nada. Ni en matar a padres políticos como Lionel Jospin, Dominique Strauss-Kahn o Laurent Fabius. Cuando se siente agredida por los periodistas, contesta: "¿Me haría usted esa pregunta si yo fuera un hombre?".Apoyada por Cohn-BenditCreció cerca de Domrémy-la-Pucelle, en los Vosgos, la tierra de Juana de Arco, de la que se declara admiradora. Estudió Ciencias Políticas y formó parte de la promoción Voltaire de la Escuela Nacional de Administración (ENA), donde conoció a Hollande. Vivero de la política francesa y de los altos funcionarios, desde la ENA fue reclutada para trabajar para François Mitterrand en el palacio del Elíseo, donde entonces, a principios de los 80, era la única que se preocupaba de estudiar las encuestas, una afición que ha tenido mucho que ver en la democracia de opinión que la ha encumbrado.Ahí comenzó su contacto con la política. Ha sido cuatro veces ministra y preside ahora la región de Poitou-Charentes, donde sus colaboradores, sobre todo los subalternos, no hablan muy bien de ella. La acusan de autoritaria, fría e individualista.Pese a que ha formado una red de colaboradores para alcanzar la candidatura, es desconfiada y prefiere preparar en solitario hasta los mínimos detalles. Pero, paradójicamente, es accesible a la gente y se mezcla con ella. "Cuando la escucho, tengo la impresión de que vive en nuestros barrios", decía una veterana militante socialista.Vestida habitualmente de blanco o de rosa, de 1,69 de estatura, siempre con tacones altos, "más joven, podía haber sido una miss", opina la organizadora del concurso en Francia. Un ejemplo de la heterogeneidad de sus fans. Otro de sus seguidores es Daniel Cohn-Bendit, cuyo apoyo tiene valor de símbolo: el dirigente de Mayo del 68 aporta una sensibilidad liberal-libertaria a la candidata de la renovación de la izquierda.